Nuestras ediciones anteriores: 01 y 02
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Indice:
* A modo de editorial: "Gracias por
lo que me toca"
* Alégrate
alma mía: he abierto las puertas para tí, por el Rav
Hagai Mazor
* Psicología y Toráh /
Sanación Espiritual: El Holograma Divino, por Aharon Franco
* "Yo soy
Ioséf, vuestro hermano": una frase que cambiará todo el
sentido de lo vivido, por el Rav Dorón Rosilio
* De
dónde proviene la fuerza de Ioséf en el exilio, por el
Rav Liór Iasúr
* La
complementariedad entre la Toráh escrita y la Toráh oral,
por el Rav David Shlomo Mendelsohn
* APOYA ESTE PROYECTO
Parasháh
de la Semana: VaIgásh / Bereshít
(Génesis XLIV,18 - XLVII,27)

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A modo de
editorial:
"Gracias por lo que me toca"
"Rabí Nejuniá ben-Hakanáh solía elevar una
plegaria al entrar al Beit-Midrásh (a la casa de estudios); al
salir, oraba brevemente otra vez. Le preguntaron de qué trataba
su oración. Les respondió: A mi ingreso al
Beit-Midrásh, pido que no se produzca ningún fallo por mi
mano; cuando salgo, doy las gracias por la parte que me ha
tocado". (Tratado de
Berajót, cap. IV, mishnáh 2)
El cuidado de la Toráh se apoya en su transmisión y
exégesis fiel, en la no distorsión de su
enseñanza, en la aplicación justa de las mitsvót
(preceptos) a todos los órdenes de la vida. La Toráh
representa un mapa de toda la Creación, del orden íntimo
del tiempo, y del sentido de nuestras vidas, ahora, en nuestro tiempo.
Como toda instancia de la que participa directamente sólo una
parte de nosotros, el estudio de la Toráh tiene una puerta de
ingreso y una de salida. El tiempo de estudio es aquél que cada
quien dedica a adquirir sabiduría, a crecer, a tornarse apto de
realizar más sabiamente la actividad que la vida en este mundo
nos requiere. Ese rato, mayor o menor, que cada quien logra dedicar a
diario al estudio de la Toráh, debe ser un tiempo en que la luz
le sea propicia; para ello, hay que disponer el alma, el intelecto, de
modo impecable: aprender Toráh es beber de la fuente de la
más alta sabiduría, y la mínima desviación
del entendimiento que le permitamos obrar al ego u al instinto
echará por tierra el intento y el esfuerzo. De allí, la
primera plegaria de Rabí Nejuniá. De allí, la
plegaria que elevamos siempre al comenzar el estudio, para preservarnos
de hacer mal con las herramientas que adquirimos para hacer bien.
Pero al culminar el estudio, la situación es completamente otra.
Cuando trasponemos, física o mentalmente, las puertas del
Beit-Midrásh rumbo al mundo material, es el momento de traducir
en felicidad, en satisfacción, lo aprendido. Cada palabra de
Toráh nos provee nuevas herramientas para cada área de la
vida humana. Por consiguiente, investidos del armamento que la
sabiduría nos provee, investidos de certezas y de fe, salimos al
ruedo de la vida tras expresar nuestra gratitud por la porción
de mundo que nos toca.
Tales, las herramientas que Matók MiDvásh, y el proyecto
"Ieshivah.Net / EstudiosJudios.Net", intentan compartir con todos sus
participantes, colaboradores y lectores. Las de una bendición
que comienza en el estudio, y guía hacia la satisfacción
de una vida plena. Con vosotros, el número 3 de "Matók
MiDvásh", pleno de textos producidos por los rabinos de
Banáij Tsión durante la última semana. En camino
se encuentran las clases en audio, y las demás áreas del
proyecto, del que estáis invitados a participar y colaborar .
Entretanto, os saludo con una brajáh de Shalóm (que es
sólo la paz que nace de la plenitud),
daniEl I. Ginerman
editor@ieshivah.net
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Alégrate
alma mía: he abierto las puertas para tí
por el Rav Hagai Mazor, ravmazor@banayichzion.com
Director del Instituto Banaij-Tsión
y Director Rabínico de
Ieshivah.Net
Cuenta la Guemará (Tratado Pesajím LXVIII,2) que Rav
Sheshet reiniciaba su ciclo de estudio cada treinta días,
volviendo a repasar los mismos puntos, a profundizar en las
polémicas ya comprendidas, a esclarecer aún más
cuanto ya había presumiblemente comprendido bien. Entonces, al
culminar cada ciclo, se paraba junto al eje (las bisagras) de la puerta,
y decía:

"Alégrate alma mía,
alégrate alma mía: Para tí he estudiado
Toráh (escrita), para tí he estudiado Mishnáh
(Toráh oral)". Objeta a sus palabras la Guemará,
citando a Rabi Elazár: "Si no hubiera estudio de Toráh en
los días y las noches, cesarían en su existencia los
cielos y la Tierra". El punto de polémica es: ¿estudiamos
Toráh -ingresamos a la sabiduría- para provecho de la
propia alma, o porque es haciéndolo que sostenemos el mundo?
¿Estudio Toráh para mi propio provecho, o para el
provecho de toda la Creación en honor del Creador?
La polémica se resuelve de modo sencillo en nuestra
Guemará: El propio deleite, el propio crecimiento, el propio
provecho, son -y no está mal que sean- los primeros motores para
el esfuerzo del hombre. Pero si el esfuerzo que realiza es el correcto,
la Creación toda se beneficiará de los frutos de su
trabajo.
Llegado este punto de la reflexión, se pregunta el
Maharshá, uno de los grandes exégetas de la
Guemará: "¿Con qué objeto repite dos veces Rav
Sheshet la fórmula 'alégrate, alma mía'?". No hay
en la Toráh (que incluye su parte escrita, y su parte oral:
Mishnáh, Guemará, Midrásh, Cabaláh, etc.)
palabras demás, palabras puestas para mantener ritmo ni rima; ni
una letra que falle en aportar sentido al texto total. La
partícula "alma mía" se refiere, cada una de ambas veces,
a un estrato distinto del alma. Porque estudiamos en la Cabaláh
que tres son los estratos básicos del alma: el Nefesh o el
"ánima natural", relacionada con todo lo sensible, con la
experiencia corporal; el Rúaj, espíritu, centrada en el
corazón y sostén de lo emocional, lo afectivo, la
experiencia del dolor, de la belleza, etc.; y la Neshamáh o
"ánima intelectual", el estrato superior que accede a la
verdadera sabiduría. Claro está que no es al cuerpo que
aporta directamente valor el estudio de la Toráh, sino a los dos
estratos superiores del alma (el Rúaj y la Neshamáh),
desde los cuales el hombre dirigirá, de modo superior cuando hay
Toráh dentro de él, su desempeño físico en
el mundo.
Y sobre ésto, vendrá a puntualizar inmediatamente el Ben
Ish Jai, uno de los más grandes sabios de Babél: "Dijo el
rey Shlomóh (Salomón): La puerta gira sobre su eje, y el
vago gira -da vueltas- en su cama". Ante la visión frontal de la
puerta, pesada y difícil de mover, el vago dirá: "es
superior a mis fuerzas, no puedo, estoy cansado" y yacerá en la
inacción. Mientras, el sabio, el hombre de espíritu que
apetece el deleite de la Toráh, buscará,
investigará, se esforzará, y descubrirá por fin que
gracias a las bisagras no hay más que empujar la puerta
suavemente, y ésta se abrirá para él de par en par.
Que llegue a todos vosotros la bendición de la Toráh.
Shabát Shalóm.
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Psicología
y Toráh: Sanación Espiritual
El Holograma Divino
por Aharon Itzjak Franco, aharon@ieshivah.net
, Psicólogo clínico,
presidente de la Asociación
Patrimonio Sefardí http://www.patrimoniosefardi.org/
y de la Comunidad Judía de Murcia http://www.comjudiamurcia.org/
El modelo de sanación occidental actual es heredero de la
“escisión” que Descartes proclama, consistente en la
división radical entre mente y cuerpo. Este paradigma está
actualmente siendo cuestionado por un acercamiento de esa pareja que
nunca debió ser separada, si hablamos de comprensión de
la dimensión humana y de sus procesos de enfermedad y
sanación.
La equiparación de la realidad a algo solamente tangible y
medible ha cercenado parte de las dimensiones necesarias para conocer la
realidad humana. Aquéllo que no se pude tocar, medir o
pesar, simplemente se relega al ostracismo como una
anomalía que no encaja en le Modelo de Ciencia “oficial”.
¿Qué es real?. Ya esta pregunta se la hacía el
psicólogo Watzlawick: ¿La realidad que proclama la ciencia
materialista es la única verdad? ¿No es real un
sueño, un delirio psicótico? ¿Acaso no hacen sufrir
al ser humano?
Esta triste escisión que provoca el modelo cartesiano tiene
consecuencias muy notables en la concepción del ser humano y por
tanto en cómo se entiende el proceso de enfermar y
sanar.Así el hombre es tratado como un mecano construido por
piezas, a las que se estudia minuciosamente, sin tener en cuenta que la
suma de todas las partes da lugar a fenómenos tan maravillosos
como la conciencia y las consciencia humanas.
No hemos nacido en Occidente por casualidad. Debemos dirigirnos a
nuestra Tradición Espiritual, sin necesidad de recurrir a parajes
orientales muy alejados de lo que son nuestras fuentes genuinas.
El manantial de conocimiento lo tenemos aquí y más que un
conocimiento es un “reconocimiento”, algo que está ahí y
no vemos, como es nuestro potencial interior para sanar.
¿Dónde nos quedó la necesidad de autotrascendencia
que según precusorsores dela psicología
transpersonal tiene el ser humano? Esto para la ciencia tradicional no
tiene valor, no se puede cuantificar, como los niveles de dolor
humano,pero ciertamente nos preocupan y mucho.
El Tanaj ( Biblia ) y la Toráh ( Pentateuco ) proveen gran
cantidad de referencias a la sanación, como proceso conectado a
la conducta,la ética y la moral que nos diferencia de Oriente...
Nuestras acciones,consecuencia de nuestro sistema de valores y
creencias propias de nuestra estructura mental cognitiva, tienen un
valor determinante sobre la enfermadad y la sanación. Así
nos encontramos en la Toráh referencias a la lepra, pero no una
lepra física, sino que tiene que ver con la conducta inmoral y
más en concreto con el lashón hará, la
maledicencia...
El modelo de Sanación Holístico judío proclama que
cada parte del todo contiene la información del resto, así
la enfermedad física tiene un correlato en el plano mental y
espiritual-energético.
Un síntoma de una enfermedad, como por ejemplo una arritmia del
corazón, nos habla de desajustes en el plano psicológico e
igualmente en nuestro plano espiritual; no sólo en el
músculo cardíaco.
Desde un punto filogenético o de desarrollo, ésto supone
que el eje de la curación pasa del horizontal propuesto en la
Medicina Tradicional al Vertical; cada plano es un estrato
más elevado que el anterior desde un punto de vista evolutivo y
energético. Así la realidad espiritual conforma a los
niveles inferiores y no al revés.
El Judaísmo como otras tradiciones espirituales tiene un Modelo
de Sanación propio, que tiene su fuente inequívoca en la
Toráh.Todo está en la Toráh y la sanación es
algo que forma parte de su mensaje.
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"Yo soy
Ioséf, vuestro hermano": una frase que cambiará todo el
sentido de lo vivido
por el Rav Dorón Rosilio, ravdoron@banayichzion.com
Shalóm para nuestros queridos lectores, ¡Berajáh y
bien desde Ierushalaim!
Nos encontramos, en esta parasháh, ante la culminación de
una serie de encuentros intensos y determinantes: Ioséf y
sus hermanos, Ioséf y Faraón, próximamente
Iaakóv y Faraón. Cada uno de estos encuentros marcan
puntos de inflexión para la realidad toda, marcan un antes y un
después desde que arrojan luz de verdad sobre el desarrollo de
los acontecimientos, hasta el punto en que ya nada puede ser visto como
se veía antes de ellos. Estos encuentros arrojan la luz verdadera
que sorprende, duele, y llena de la certeza enraizada en la
conducción de la Creación toda a manos del Creador hasta
sus últimos detalles. Cada uno de estos encuentros elimina las
dudas, y abre camino hacia la conducta que halla origen en la fe, desde
la felicidad de entender cómo y hacia dónde se encamina la
vida.
Al inicio de la parasháh, Iehudáh llega hasta
Ioséf, y su discurso es de confrontación, de guerra. La
situación de su familia está en su punto más
negativo, Ioséf "no está" (con la familia), Shimón
está preso por orden del Regente de Mitsráim (que es en
realidad el propio Ioséf), Biniamín está en camino
a convertirse en esclavo de algún aristócrata egipcio, y
su anciano padre, en la tierra de Cnáan, no podrá
sobreponerse al dolor que ésto le producirá. En esta
situación, Iehudáh cumple la promesa que hiciera a su
padre: se arriesga a sí mismo, hasta las últimas
circunstancias, por salvar a Biniamín de su desgracia.
Iehudáh tiene naturaleza de rey: toma y asume la responsabilidad
que le toca. El es quien llevará a Ioséf a revelarse por
fin, en un instante grandioso: "¡Yo soy Ioséf, vuestro
hermano!". Una sola frase. Una frase que resuelve todo: a modo de
bisagra que abre un cambio radical en el proceso, se derrama como aguas
de vida sobre un espíritu cansado, y cambia radicalmente lo que
teníamos por real: a partir de ella, todo lo que pensamos, lo que
sabíamos, lo que construimos, lo que nos lamentamos, lo que no
podíamos comprender acerca de hacia dónde dirigía
D's a los hijos de Iaakóv, todo cambia de signo y se hace
sencillo de entender, verdad de belleza fascinante que justifica todo
el sufrimiento pasado.
Yo soy Ioséf, vuestro hermano, y gobierno Mitsráim. Y
Shimón está aquí, y aquí está
Biniamín. Y Iaakóv, nuestro amado padre, está vivo.
De pronto queda claro que D's guió y dirigió todo este
proyecto para hacer que Iaakóv descendiera a Egipto, y para que
sus hijos purgaran el pecado de haber vendido a uno de sus hermanos,
aún cuando lo hicieron creyéndole culpable.
Sólo Iehudáh era capaz de llevar ese corto encuentro
cúlmine, justo a tiempo de evitar una obvia conclusión
desgraciada, a un final de puro y espléndido bien. El final
enseña el carácter -el por qué, el para qué-
del inicio y del proceso todo. Y sólo Ioséf
podía llevar adelante todo este proceso de situaciones tristes y
desesperantes hasta su cúspide, hasta donde sólo
podía caber la maravilla: "Yo soy Ioséf, vuestro
hermano". Un cierre de proceso que, desde cuanto enseña hacia
atrás, nos llena de esperanza, de vigor para sobreponernos a
todo, y nos estimula a confiar y hacer.
Así funciona también en nuestras vidas. Llegamos a puntos
límite de incomprensión de lo que nos sucede, de tristeza,
de desesperanza y desprotección, hasta que se revela de pronto,
en medio de la situación más negativa, el quiebre
fantástico que todo lo explica y da a todo un magnífico
sentido: "Yo soy Ioséf, vuestro hermano".
¡Shabát shalóm!
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De dónde
proviene la fuerza de Ioséf en el exilio
por el Rav Liór Iasúr, ravlior@banayichzion.com
El relato fundamental en nuestra parasháh es el del reencuentro
de Ioséf con su padre, Iaakóv.
Antes de entrar en él, repasemos en líneas generales la
situación de Ioséf: en las parashiót pasadas,
Ioséf fue vendido por sus hermanos a unos mercaderes ismaelitas,
a cuyo través llegó a Mitsráim (Egipto), donde su
camino le llevó a ser siervo en la casa de Potifar, ministro de
Faraón, rey de Egipto. Resiste con grandeza los llamados de la
esposa de Potifar, quien en venganza lo hace encarcelar. En la
cárcel, adquiere fama de certero intérprete de
sueños. Esta fama lo lleva hasta el propio Faraón, que
termina por nombrarlo su segundo, con poder sobre todo el reino: un
hombre que "de acuerdo a su palabra se hará" en Mitsráim.
De su capacidad para resistir a los intentos de seducción de la
esposa de Potifar, dicen nuestros sabios de bendita memoria: "En ese
momento apareció ante sus ojos la imagen de su padre, y le dio
fuerza para resistir y no caer". Desde este punto, podemos volver a
nuestro tema de la semana: la relación entre Iaakóv y su
hijo Ioséf es expresión de que la fuerza de Iaakóv,
"el largo brazo de Iaakóv" en lenguaje de la Guemará, es
esencialmente Ioséf. Como dice la profecía: "Y la casa de
Iaakóv será el fuego, y la casa de Ioséf la llama,
y la casa de Esáv la paja (el combustible)". Este es la fuerza
del pueblo de Israel, que le permite pasar las duras pruebas del
exilio. Porque este encuentro es otro ejemplo de la sentencia que
retorna una y otra vez a nosotros a lo largo de todo el libro
Bereshít: "La acción de los padres signa la de los
hijos". ¡Tal es la esencia del lazo que une a Iaakóv con
Ioséf! Tal, la fuerza de Israel para superar la oscuridad y
producir el retorno de la luz.

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Introducción
al estudio de Talmud:
La complementariedad entre la Toráh escrita y la Toráh
oral
por el Rav David Shlomo Mendelsohn, ravmendelsohn@banayichzion.com
Dice la primer
mishnáh del "Tratado de Avót" (Talmud de Babilonia, Orden
de Nezikín): "Moshéh (Moisés) recibió la
Toráh de (el monte) Sinai y la transmitió a
Iehoshúa (Josué), y Iehoshúa a los ancianos, y los
ancianos a los profetas, y los profetas la transmitieron a los hombres
de la Gran Kneset (...)".
En el mismo momento en que recibió Moshéh la Toráh
Escrita, recibió también la Toráh Oral, entrelazada
e íntimamente unida a la primera. No hay modo alguno de cumplir
los preceptos y dar existencia a la Toráh escrita sin el auxilio
de su correlato oral.
Tomemos, por ejemplo, el precepto de los "tefilín" (las
filacterias). A su respecto, dice la Toráh escrita: "Y los
atarás por señal sobre tu brazo, y estarán al
frente entre tus ojos". Con tan sólo esta información,
¿cómo sabríamos acerca del color negro que deben
exhibir los tefilín?, ¿de dónde deducir que han de
ser cuadrados?. Y aún más: ¿cómo
sabríamos que "al frente, entre tus ojos" alude al secreto de un
punto encima de la frente, y no al inicio del tabique nasal?, y
así a lo largo de toda la Toráh. Cada adorno que porta
cada letra de la Toráh -del texto con que creó su mundo el
Creador- tiene por derivación innúmeros secretos y
halajót (normas), consignados en la Toráh oral, recibida
por Moshéh en el Sinai al mismo tiempo en que recibía la
escrita.
Tenemos prohibido, en principio, escribir los contenidos de la
Toráh oral, como tenemos prohibido estudiar de memoria la
Toráh escrita (sin apoyarnos en su texto). Pero muchos cientos de
años luego de la entrega de la Toráh, a lo largo de los
cuales la transmisión oral funcionó de modo perfecto (y
así consta en la cita que abre esta nota), el descenso en la
sabiduría y el conocimiento de la Toráh comenzó a
hacerse patente, y más grave en cada generación que en su
predecesora, al punto que los sabios de Israel temieron que la cadena de
transmisión evanesciera y el conocimiento de la Toráh se
perdiera del pueblo de Israel. Dada la gravedad de la situación,
tomaron la decisión de consignar por escrito la Toráh
oral, de modo que su documentación evitara la pérdida
más mínima en el contenido de la transmisión.
Fue así que Rabí Iehudáh HaNasí, presidente
del Sanhedrín (el Consejo de Sabios), se entregó a la
tarea de organizar y recopilar toda la Mishnáh: una
síntesis del conocimiento normativo de la Toráh oral,
redactado en hebreo, imprescindible para el estudio y la puesta en
práctica de la Toráh escrita. La Mishnáh porta
consigo el ADN de toda la Toráh oral que se codificó tras
ella, a partir de las discusiones y la profundización de
numerosas generaciones de verdaderos sabios de Israel, que ampliaron y
precisaron y enriquecieron el texto, de modo de hacerlo accesible al
estudio y la comprensión de las generaciones presentes. La
transmisión se mantiene, inmodificada, inmodificable, desde el
primer día hasta hoy.
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"Matók MiDvásh" es el
primer paso hacia la puesta en marcha del proyecto "Ieshivah.Net /
EstudiosJudios.Net" (si deseas recibir una copia del proyecto, con sus
secciones, etapas de desarrollo y presupuesto, sólo
envíanos un e-mail a proyecto-request@ieshivah.net
y te haremos llegar el archivo). El proyecto, del que comparten
responsabilidad las instituciones Banáij Tsión de Jerusalem y Patrimonio
Sefardí de Murcia, no tiene fuentes propias de sustento, es
producido por un equipo voluntario, y proyecta crecer. Para cumplir con
su programa y empezar a producir verdaderos materiales de estudio, aulas
virtuales, clases en audio en español, etc., necesita el apoyo
de todos.
A través de donaciones voluntarias, puedes dedicar ediciones de
"Matók MiDvásh" a la memoria de tus seres queridos
fallecidos, o poner toda esta energía de Toráh a trabajar
para la sanación de alguien, para el éxito, para el
encuentro con la pareja que te está destinada desde el inicio de
los tiempos; o puedes llegar con la publicidad de tu emprendimiento a
nuestros casi 8.000 lectores registrados. Son bienvenidas también
las donaciones que tienen por único objeto ayudarnos a difundir
la luz de la Toráh y el contenido de la tradición
judía, a innovar, a compartir el deleite en la sabiduría
y el amor.
Para consultas sobre cómo apoyar esta tarea, escríbenos
por favor a editor@ieshivah.net.
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Por Western Union, realiza un giro a nombre de Daniel I. Ginerman DNI
32.460.821-5. En cualquier caso, avísanos (y pásanos los
códigos de la transferencia) para que nos conste la procedencia
del dinero. Y desde ya, recibe nuestra enorme gratitud y vocación
de bien por primera inmediata respuesta.
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hagan buen y leal uso de ellos. Favor incluir mención completa de
origen en toda cita, y hacernos llegar ejemplar del medio en que haya
sido utilizado un texto de "Matók MiDvásh". Director: Rav Hagai Mazor.
Editor-Traductor: Daniel
I. Ginerman. Dedicado a todos quienes buscan, hallan o
añoran en la Toráh el camino de una vida plena.
Jerusalem, Tevét de 5764, Diciembre de 2003. Redacción:
POB 7614 - Jerusalem 91075 - Israel. Voz/SMS: +972-66-265599 - ICQ:
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