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Esta
edición es dedicada a la memoria de IekutiEl ben-Iaakóv z"l
y a la
sanación plena y la consecución de sagrada descendencia
para Sarah Iakut bat-Zoharah y Dalít Janah bat-Rajél
Dedica
Matók MiDvásh
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Indice:
* A modo de editorial:"Os
icé sobre alas de águilas, y os traje hacia mí"
* ¿Te has
atrevido a anhelar y edificar tu plenitud?, por Rav Lior Iasúr
* Exterminar al Amaléc que llevamos dentro,
por Rav Meir Ifraj
* El privilegio de Itro: tu oportunidad y la mía,
por Rav Doron Rosilio
* ¡Sálvenos D's de la tristeza!, por
Rav Dror Tsavari
* La Escolta de la Reina, por Rav David Or haCohen
* Si aprendes a oir, aprenderás a cantar, por
Rav Rajamim Cohen
* El Shabát del mundo por venir, por Rav Eial
Kedmi
* Suplemento
Matók MiDvásh para niños y jóvenes. ¡SALE
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distribuirlo, ya por e-mail o impreso en tu colegio u comunidad, contáctate con nosotros.
Parasháh de la
Semana: Itró / Shemót (Exodo) XVIII,1 -XX, 23

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A modo de editorial:
"Os icé sobre alas de
águilas, y os traje hacia Mí"
Al tercer mes de su salida de Mitsráim, en el día
indicado, llegó el pueblo de Israel al desierto de Sinai, y
acampó frente a la montaña. Y subió Moshéh a
la montaña, y le llamó D's desde ella, y le ordenó
decir a Israel: "Vosotros visteis lo que hice a Mitsráim, y os
icé sobre alas de águilas, y os traje hacia mí"
(Shemot XIX,4).
Ya la pasada semana hicimos mención al águila. En el
midrásh que representa la situación de Israel, entre el
mar inabordable y el ejército enemigo que se acerca, se nos
habló de una paloma que se refugia en los hendijos de la roca; en
la desprotección del afuera, le acecha un águila voraz.
Mas de las profundidades del seguro escondite de la roca hace
aparición una serpiente, cuya proximidad asegura una mordedura
mortal a la paloma. La metáfora se devela ahora sin esfuerzo:
sobre las alas del águila significadas por el mar, se
salvó Israel de la serpiente. Y no es que el águila se
tornara dadivosa de repente: es que, en medio de las aguas se
abrió un pasaje de tierra: la propia naturaleza del mar
mudó para hacerse tierra transitable por los pies de Israel, alas
de águila fungiendo de alfombra mágica sobre la que
trasladarse instantáneamente a donde ya no acecha el mal, por
mérito de la fuerza con que nos atrevemos a anhelar el bien.
¡Fijaos qué maravilla!: el águila que acechaba no
tenía de atemorizador sino su apariencia: era, en realidad,
vehículo de salvación, que sólo se revelaría
tal cuando el primero de Israel se atreviera a las espumas del mar y
caminara, y siguiera hacia delante sin temor mientras el agua ganaba su
vientre, su pecho, después su cuello. Y entonces, recién,
se abatiría la amenaza: ante la evidencia de la fe,
agacharía el águila su cabeza para ayudar a la paloma a
montar sobre sus alas, y todo tornaría al orden éste que
no sabe natural pero viaja, aún así, en las certezas del
alma, por los caminos nuestros en la vida.
Recitamos cada día "Shmá Israel", nuestra
profesión de fe fundamental, que consta de tres parashiót,
tres secciones de la Toráh. En la primera, tomamos para nosotros
la inamovilidad de la fe. En la segunda, aceptamos y asumimos las
mitsvót. Y leemos en la Guemará (Brajót XIII,1):
"Dijo Rabi Iehoshúa ben-Korjáh: ¿Por qué
viene antes la parasháh del Shemá -la primera- y luego
"Vehaiáh Im shamó'a" -la segunda-? Para que tome el
hombre primero sobre sí la soberanía que proviene de los
Cielos sobre la Tierra, y luego recién tome sobre sí el
yugo de las mitsvót, de la conducta que deriva del aceptar Su
majestad" (la traducción no es literal sino conceptual).
La fe en el Creador es fuente de toda certeza y de toda verdad.
Recién tras asumirla nos es dado traducirla al mundo de la
acción: ese en el que, si nos atrevemos a la Verdad en nuestra
vida, las águilas se prestarán a ser montadas por nosotros
en lugar de devorarnos, y más de un mar se abrirá,
insólitamente sí, a nuestro paso.
Estamos felices, desde Murcia en Sefarad como desde Jerusalem, de
presentarles más novedades, más avances, en Ieshivah.Net.
Sabemos que sobre alas de águilas puede viajar la luz de la
Toráh, y desde la certeza inquebrantable trabajamos. En el Beit-Midrásh,
hallaréis la agenda de nuevas clases con que se sigue poblando
nuestro tiempo, y la grabación, en MP3 y RealAudio, de las clases
ya dictadas. Más y más lectores se incorporan al foro OrTora-Sefarad cada día, debatiendo sus
dudas y consultando, desde el genuino afán por la verdad. Ya es
realidad el suplemento para jóvenes, el primero de su tipo en la
red, que acompaña a Matók MiDvásh. Y seguimos
creando, con vuestro sostén y vuestra ayuda, buscando detectar
toda puerta que merece ser abierta para la expansión del
conocimiento, de la paz y del deleite que nace en nosotros cada
día, desde la luz de la Toráh.
Con gratitud y brajót, desde las montañas que rodean
Jerusalem,
daniEl
I. Ginerman
editor@ieshivah.net
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Martes, a las 18 hs. de Israel (15 hs.
en Argentina, 11 hs. en México, 17 hs. en España):
Purím: el comportamiento
sobrenatural de lo sagrado y la eterna lucha contra el Mal,
con Rav Guideon Muzykanski y
daniEl I. Ginerman
Miércoles, a las 18 hs. de Israel (15 hs. en Argentina, 11
hs. en México, 17 hs. en España):
Parashát Hashavúa, con
daniEl I. Ginerman
Jueves, a las 18 hs. de Israel (15 hs. en
Argentina, 11 hs. en México, 17 hs. en España):
"El Sendero de los Justos"
(Mesilát Iesharím), con Rav Guideón Muzykanski
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FORO POR E-MAIL PARA LOS LECTORES Y
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(PRESENTACIONES, PREGUNTAS Y RESPUESTAS) AQUÍ,
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De
qué hablamos cuando decimos "Redención"
¿Te
has atrevido a anhelar y edificar tu plenitud?
por Rav Lior Iasúr, ravlior@banayichzion.com
Enseñan nuestros sabios
que una de las preguntas que cada quien enfrenta, tras salir de este
mundo, cuando llega a donde sólo cabe la Verdad, es la
siguiente: "¿Deseaste y esperaste la Redención?". De
ello se desprende que uno de los factores en base a los cuales se
dictaminará la suerte de la persona en el mundo por vivir es,
precisamente, si fue capaz de desear y esperar la "ieshu'áh": la
Redención.
Intentaremos desgranar y comprender, en primer término,
cuál es ese anhelo que tenemos el deber de vivir y alentar; y a
continuación, por qué resulta determinante para la suerte
del alma en la vida por venir.
"Tsipiáh" (la palabra que aquí traducimos por "anhelo", y
por combinación de "deseo y esperanza"): aguardar y alentar la
esperanza de que se hará realidad algo que nos falta en el
presente. El hombre que tiene esta "tsipiáh", comprende que
aquéllo que anhela, ¡está ausente de él!. Y
vive esta falta patente con urgencia. Atendiendo más de cerca al
detalle, notaremos que quien nota esta falta y alienta el anhelo de
cubrirla, en realidad, es a sí mismo a quien siente incompleto
por su causa. De ahí la incomodidad, la angustia que sólo
la realización del anhelo podrá resolver.
¿Qué es entonces la "tsipiáh" de "ieshuáh",
de Redención? Para empezar: comprender que la
Redención es algo que concretamente necesitamos y nos falta. Esta
carencia la vivimos como un vacío en nuestro interior, y
comprendemos que ser completos, sentirnos plenos, cumplir la
misión y el objetivo de la vida misma, será posible
sólo una vez que el anhelo de Redención se vea cumplido y
satisfecho.
En este mundo, sujeto de limitaciones y carencias: ¿has
experimentado tu propia realidad como carente, como limitada, como
necesitada de algo que no es? ¿Te has percatado de que no
estás completo? ¿Sientes la falta y alientas la esperanza
de cubrirla? ¿Anhelas la plenitud, la redención?
Y si así no fuera,... ¿cómo podrías ser
capaz de percibir la verdadera completitud a que tendrás acceso
en el mundo venidero, si nunca la echaste en falta, si nunca la deseaste?
Nuestra parasháh comienza diciendo: "Y oyó Itró".
Se pregunta Rashi qué fue lo que Itró escuchó y le
bastó con ello para "venir", para allegarse a la Verdad y al
pacto, e integrarse al pueblo de Israel. Y responde: Itró
tomó conciencia de la Toráh, de su entrega a Israel en el
monte Sinai.
Lo que produjo la inmediata decisión de Itró y su
"conversión", fue saber que Israel recibió el único
y especial medio a cuyo través puede el hombre acceder a la
completitud, cubrir sus carencias y entonces acercarse, por fin, por el
camino certero, a la finalidad especial y trascendente de su vida. Y
ese medio, especial y único, no es sino la sagrada Toráh,
sin cuya guía y práctica no hay posibilidad alguna de que
arribe el hombre a realizar la plenitud de sí. Y nada sino dicha
plenitud, dicho despliegue en la realidad del potencial completo de la
vida, es la verdadera Redención.
Como expresa el rey David (Salmos LXXIII,28): "Y yo, la proximidad de
D's es buena para mí".
Tal explica Rabi Moshéh Jaim Luzatto en su libro "Mesilát
Iesharím" (El Sendero de los Rectos): que no sino para deleitarse
con la evidencia de D's y el brillo de Su presencia, ha sido creado el
hombre.
Sea Su voluntad que merezcamos y logremos completarnos, volvernos
plenos, en el camino del Creador y en su Toráh; y a través
de ello, arribemos a la meta verdadera de nuestra existencia:
deleitarnos en Su Nombre y disfrutar del brillo de Su presencia. Que no
es sino ésta la más completa Redención.
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llegar tus aportes, críticas y sugerencias, que agradecemos desde
ya :-).
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Exterminar al Amaléc que
llevamos dentro
por Rav
Meir Ifraj, ravifraj@banayichzion.com
Nuestra porción semanal de
la sagrada Toráh es "Itró"; en ella, se relata
"ma'amád har Sinai": cómo el pueblo de Israel se
paró frente al monte Sinai en un momento sublime y eterno,
arribó a un estado de percepción y vivencia espiritual
sumas, y recibió entonces la Toráh.
Esta parasháh toma su nombre de Itró, suegro de
Moshéh, quien no sólo obtuvo el privilegio de ser nombrado
en la Toráh, sino que una parasháh completa toma de
él su nombre. Cabe preguntarnos: ¿Cómo, por
qué, obtuvo Itró, sacerdote de Midián, semejante
privilegio? Y la respuesta inmediata es: él "volvió en
teshuváh", retornó al camino de la respuesta, tornó
a la Verdad, y se incorporó así al pueblo de Israel.
Así se encuentra escrito, al inicio de la parasháh: "Y
escuchó Itró"; y luego: "Y vino Itró".
Leemos que "escuchó" y entonces "vino". Nuestros exégetas
explican que lo que Itró escuchó fue que el Iam
Súf, el Mar Rojo, había sido partido para que el pueblo de
Israel pasase por él. Como él, el mundo entero se
había enterado. Explica el midrásh que, en ese
momento, todo lugar en que corría agua vio a ésta partirse
en dos, para que todos supieran que el Creador partía el Iam
Súf al paso de Israel; que D's se revelaba así a ojos de
toda la Creación.
Itró oyó también que, inmediatamente a este
inmenso milagro, se levantó el pueblo de Amaléc contra
Israel, y salió a su encuentro en pie de guerra. Aún
cuando también Amaléc había visto que D's
hacía de milagros evidentes el camino de Israel, no se
privó de oponérseLe: no por ello despertó en ellos
la fe ni rindieron su idolatría a la Verdad. Fue ante esta
percepción que tomó conciencia Itró del poder de la
herejía, de la fuerza enorme que desarrolla contra toda
razón la idolatría; observó que, en medio de un
proceso de milagros que transformaban radicalmente la naturaleza,
aún entonces disponían los hombres de libertad para elegir
si unirse a la Fe o retenerse tercamente en la mezquindad de su
ceguera. Itró decidió inmediatamente que su lugar estaba
en la Verdad. Y Amaléc, que eligió entonces no creer, fue
maldito por ello y es maldito hasta hoy.
Pero Amaléc no es únicamente un pueblo que
históricamente salió a librar batalla contra la voluntad
de D's: es también una fuerza espiritual presente en cada uno de
nosotros, que nos asalta y atropella cada día para hacernos
desconfiar y enfriar nuestro vínculo de fe.
Si no guerreamos contra él, se sobrepone a nuestras fuerzas
-líbrenos D's- y nos despeña en la fatua mentira y en el
mal. Y, ¿cómo luchar contra él? En el propio
Moshéh hallamos la respuesta: con la potencia de la fe; como
está escrito sobre él durante la batalla contra
Amaléc (Shemót XVII,12): "Y eran sus manos Fe".
Y sólo por medio de esforzarnos y reforzar la potencia que
desplegamos en la Fe, es posible vencer a Amaléc: actuando y
diciendo "devarím" de Fe. Como expresó el rey David en
Tehilím (Salmos LXXXIX): "Anunciaré tu Fe con mi boca".
Y sea Su voluntad que merezcamos y nos toque siempre crecer y hacernos
fuertes en la Fe verdadera en el Creador. Tal la indicación
de nuestros sabios para esta generación: el mayor desafío
es sostenerse en la verdadera Fe, y en ella hallar la vida que vivir.
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El privilegio
de Itró: tu oportunidad y la mía
por Rav Doron Rosilio, ravdoron@banayichzion.com
Queridos hermanos:
Itró, sacerdote de Midián y suegro de Moshéh, era
uno de los grandes sabios de su tiempo: un hombre de mundo que de todo
probaba y conocía, y ninguna sabiduría dejaba por
aprender. A través de un camino tan ancho como largo
arribó, por fin, a la convicción de que D's, el Creador,
es Uno, y que la Toráh es Su Verdad. Su camino, y especialmente
su conclusión, involucran y comprometen a todas las culturas del
mundo, y a todos quienes las profesan. Porque a todos conocía
Itró y de todos sabía; y no había pueblo alguno que
pudiera alegar que "si él hubiera aprendido nuestra cultura y
nuestras leyes, habría concluido diferente": porque nada del
saber humano le era ajeno, y todo había probado, y medido, y
estudiado. Es por ello que su conclusión final tiene
carácter absoluto, veraz, ¡obligatorio!
Hay quienes nacen "dentro" de la Toráh y las mitsvót;
quienes no son sometidos al desafío de probar y atravesar la
prueba de la multiplicidad de culturas y tentaciones y saberes y caminos
y discursos de este mundo, para llegar por fin al esclarecimiento de la
mente y el descubrimiento postrer de la Verdad. La Toráh, ante
ellos la Verdad, es un hecho natural que se prueba a sí mismo en
todas las instancias de la vida.
Pero no hemos merecido esa dicha. A nosotros, nos ha tocado pasar
innúmeros aprendizajes, pruebas y experiencias, caídas y
remontares. E Itró, que pasara el máximo posible -la
totalidad- de este camino que nos es familiar, ha de servirnos como
ejemplo, desde que todo lo conoció y lo vivió, hasta
elegir por fin y para siempre por verdad al Creador y su Toráh.
La opción de tener ante uno todos los caminos de este mundo y
elegir a D's, elegir a la Verdad, es un mérito y un privilegio de
enorme magnitud. No se trata de abordar intelectualmente ningún
sistema, ni de abarcar lo que la razón no entiende. Se trata de
activar la "buena raíz", la esencia de bien que guardamos en lo
profundo del alma.
La capacidad de elegir el bien radica en el buen fundamento sobre el
que nos hallamos erigidos, o se apoya en la acción de bien que
hayamos tomado la oportunidad de realizar. La mente puede, en el mejor
de los casos, ubicarte justo frente a un manantial de aguas que dan
vida, mas no incidirá significativamente en tu decisión de
beber finalmente de él o no. Esta decisión depende ya de
ámbitos de la conciencia a los que el intelecto no llega; y que
se sujetan, en general, a lo que llamamos "zjút avót": el
mérito de los ancestros.
Supimos ser Itró. Rodamos por el mundo probando de cuanto se
puso a nuestro alcance. Y no siempre por fuerza de nuestra ardiente
búsqueda de la verdad; muchas veces, en realidad, nos entregamos
instintivamente a sentimientos y vivencias de todo tipo, sin asumir
responsabilidad alguna por las consecuencias de nuestra acción.
Mas es posible que justamente fuera necesario todo dicho proceso para
tornarnos capaces de arribar, por fin, a la Toráh, a la plena fe
en el Creador y en su conducción de la Creación. Para
hacernos capaces de integrarnos completos a Israel, a la eternidad, al
absoluto.
En el fondo del alma, guardábamos los resabios del "zjút
avót": una flama que no se apaga y nos guía, a poco que
nos dejemos, por los senderos de lo oculto y de lo revelado por igual.
Itró, que no contaba con ello, hubo de transitar un camino de
maravilla, hubo de ser atraído como una mariposa a la luz, y hubo
de pagar un inmenso precio que canceló toda su vida anterior:
renunciar a todo su honor, y su majestad, y su heredad, y su riqueza, y
su influencia y su poder; todo lo que gustoso abandonó lejos de
sí por ingresar a la vivencia indescriptible y sublime de la
Verdad.
En el mundo entero, y en todos los tiempos, abundan los
discípulos de Itró, quienes realizan la
peregrinación extenuante por toda la cultura y el saber
persiguiendo la vida, anhelando encontrarse de pronto frente a la
Verdad. Abundan quienes se atreven a salir sorteando oposiciones
salvajes y humillantes, y como los salmones, remontan la corriente de
los ríos rumbo al mar en que nacieron, y arriban por fin, contra
toda previsión razonable, por la pura fuerza del anhelo natural
de regresar a la fuente de la vida, a donde residen el germen de la
felicidad, de la fe, de la Verdad, que allí aguardan nuestro
arribo.
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¡Sálvenos
D's de la tristeza!
por Rav Dror Tsavari, ravdror@banayichzion.com
"No será más Iaakov
el nombre por el que serás llamado sino que Israel será tu
nombre, y llamó su nombre Israel" (Bereshit -Génesis-
XXXV,10); tal anuncia en parashát Vaiejí el Creador a
Iaakóv.
Y aún así, observamos en la continuación de la
Toráh que, algunas veces, se le llama con el nombre
"Iaakóv", y otras con el nombre "Israel". Sobre esta
peculiaridad, nos habla el Oraj Jaim explicando que el nombre de alguien
identifica a su alma en realidad. De tal modo, los nombres que "puso"
el Creador en este mundo, son los de las almas con que le pobló.
"Iaakóv" es el nombre del alma con que nació nuestro
patriarca. Mas tras su batalla con el ángel, se posó sobre
él una nueva porción de presencia divina, un alma
agregada, al modo de la que tenemos oportunidad de recibir cada
shabát. Y esta alma agregada que recibió sobre sí
Iaakóv, lleva por nombre "Israel"; que vino a potenciar -no a
reemplazar- al alma original de Iaakóv.
Analizando la aparición de ambos nombres al inicio de
parashát Vaiejí, indica el Oraj Jaím que cuando
Iaakóv se encuentra en estado de plenitud, "completo" consigo
mismo, en su sacralidad vital y su servicio al Creador, es llamado
Israel. Mas cuando la tristeza hace mella en su espíritu, "no
llega" hasta Israel, y le resta ser llamado Iaakóv.
Del mismo modo, cuando de los manantiales de lo sagrado abreva
alegría nuestra alma, cuando somos capaces de felicidad plena en
el camino de la Verdad, recibimos y disponemos la potencia y las
herramientas espirituales de un alma nueva y más elevada que se
agrega a quienes somos, y nos hace capaces de un desempeño
superior, dotándonos de capacidades que exceden a priori nuestra
naturaleza de hombres. Tal el poder genuino de la felicidad y la
alegría, y la voz de alerta contra el siniestro poder de la
tristeza, sálvenos de ella el Creador.
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La Escolta de la Reina
por Rav David Or haCohén, ravdavidor@banayichzion.com
Al finalizar shabát, debe procurar cada quien arreglar y decorar
su mesa del modo más bonito y deleitable a su alcance, con todo
lo necesario para agasajar a una reina: buen mantel, sabrosos manjares,
buena bebida y pan especial. Y con todo ello dispuesto, desplegar toda
la alegría y felicidad de que le ha dotado el shabát y
alistarse a acompañar a la "reina" del tiempo, el propio
shabát, en su salida.
Porque esta comida, la cuarta, que se lleva a cabo por la noche, cuando
ya ha culminado el tiempo de shabát, es simétrica a la que
habremos hecho la noche antes, cuando el shabát recién
entraba: tal como lo recibimos con esmerado fulgor, así
también le despedimos.
Dice el Ben Ish Jai en su comentario a "Parashát Vaietsé"
(signo XXVII): Tras la salida del shabát, "no debe ocuparse uno
en labor alguna que no sea al servicio del banquete o del estudio
de Toráh, hasta luego de haber llevado a cabo la cuarta comida,
cuyo tiempo será hasta cuatro horas de salido shabát. En
Birkát Hamazón -la bendición que pronunciamos una
vez finalizada toda comida con pan- dirá "migdól"
(según la fórmula de shabát y días festivos;
aún cuando ya se estará formalmente en domingo desde que
salieran las estrellas). Y si por alguna razón no puede llevar a
cabo el banquete durante las primeras cuatro horas de salido el
shabát, podrá cumplir igualmente la mitsváh hasta
la medianoche. Y quien no pueda realizarla con pan, la hará con
"mezonot" (otros alimentos a base de harina). Quien tampoco con
"mezonót", sea por no disponer de los mismos o por motivos de
salud, podrá hacerla incluso en base a frutas".
Agrega Rav Iaakóv Sofer en su libro "Ubekáf
haJaím" (CCC,4) que aún quien está satisfecho,
ahíto de los manjares consumidos durante los tres banquetes con
que ha honrado al shabát, debe realizar el esfuerzo de cumplir
con el deber de escoltar al shabát en su salida, con un banquete
consagratorio de gran categoría. Y a través de hacerlo,
salvará a su organismo de toda necesitar toda ingesta medicinal
desagradable. Y el libro Divréi Itsják (inciso LXI)
explica en nombre de Rabí Elimélej que reside
también, en este cuarto banquete, una potencia para evitar a las
mujeres toda dificultad de parto.
El cuarto banquete con que escoltamos la salida del shabát
certifica también el desempeño de nuestro organismo por
fuera de sus necesidades naturales; ésto es: en función de
los requerimientos de la sacralidad. Porque las tres comidas anteriores
responden a los horarios en que se distribuye habitualmente nuestro
apetito cada día. Y quien no se esmera en este cuarto banquete,
ya nocturno, incurre en la posibilidad de que no haya sido en honor al
shabát su realización de la tercera comida de
shabát, en el recién pasado atardecer; sino que haya sido
meramente por el requerimiento natural y habitual que de una cena le ha
anunciado su cuerpo.
Por ello, "Melavéh Malkáh" es el broche de oro de todo un
shabát consagrado a la verdadera elevación espiritual, no
sólo en la reflexión y la plegaria y la abstención
de actividad profana, sino también y especialmente en la
consagración del alimento a la potencia del alma, para nuestro
caminar por los senderos de la Toráh.
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Si aprendes a
oir, aprenderás a cantar
por Rav Rajamim Cohen, ravrajamim@banayichzion.com
"Y oyó Itró, sacerdote de Midián, suegro de
Moshéh, todo lo que hizo D's a Moshéh y a su pueblo
Israel, pues sacó D's a Israel de Mitsráim", comienza
diciendo nuestra parasháh.
Y preguntan nuestros sabios por qué llegó Itró y
pidió integrarse al pueblo de Israel, atravesando un proceso de
guiúr. La respuesta (el móvil de Itró fue haberse
enterado del cruce milagroso del Iam Súf, y el igualmente
milagroso desempeño de Israel en la guerra contra Amaléc),
nos la explica del siguiente modo el Midrásh Tanjúma
(Itró, II):
"Hay quien oyó, y
perdió; y hay quien oyó, y fue premiado. Ioásh
oyó y perdió, tal como está escrito: 'Y entonces
les oyó el Rey' (Divréi haIamím II,24), y a
continuación: 'Por ello, Ioásh fue sometido a juicio'.
Mas Itró oyó y fue
premiado por ello, puesto que era sacerdote de un culto
idolátrico, y llegó se unió a Moshéh, y se
ubicó bajo la protección de las alas de la Presencia de D's".
Dice el Zohar (Itró, LXIII): "Cuando llegó Itró y
se convirtió a la fe hebrea, creció el Nombre del Sagrado
Bendito Es en los mundos y altos y en los bajos".
Cuando un hombre que se encuentra lejano a la Toráh y las
mitsvót (los preceptos) se acerca a D's, el Nombre (la presencia,
la incidencia de Su majestad) de D's crece en los mundos superiores e
inferiores por igual. Cuando Itró oyó acerca de las
terribles proezas evidenciadas por D's en la partición del Iam
Súf y en la guerra contra Amaléc, se llenó de
terror y numinosidad su alma, y sin dudarlo, llegó y se
convirtió a la fe verdadera.
Mas un judío, por la heredad que tiene a su cargo se
desempeña como hijo del Creador. Como está escrito
(Devarím -Deuteronomio- XIV,1): "Hijos sois de D's".
En el interior del judío se encuentra profundamente instalada y
arraigada la fe. Por eso, ante la pregunta de por qué en el canto
de Israel tras el cruce del Iam Súf está escrito
"entonces cantará Moshéh" en lugar de "entonces
cantó", explica el Or haJaím: "Cuando entró a los
corazones de Israel la fe completa, arribaron al nivel de entonar este
canto; y la crónica lo expresa en tiempo futuro para dar a
entender que todo quien arriba a la fe completa, puede arribar
también al nivel de cantar el más sublime y sagrado canto".
Por eso, desde "donde" sea que se encuentre el judío, aún
desde el más degradado u alejado de los sitios -ya
geográficos o de conciencia-, tiene dentro de sí la chispa
que puede encender y activar su fe, y llamarlo a volver al camino de
D's, a una vida plena de Verdad. Cuando alguien mira hacia dentro de
sí y se descubre lejos de D's y lleno de transgresión, de
violación, de indolencia profana, lleno de actos contrarios a su
naturaleza, no debe deprimirse ni caer en forma alguna de infelicidad,
sino saber que las puertas y el camino de retorno se hallan abiertas
para él, y sólo de su decisión y su firme voluntad
depende. Y debe buscar en su beneficio todos sus puntos buenos y
favorables y reafirmarlos, porque nadie hay que no tenga una
porción de bien en su haber.
Y si hallare que aún el bien que hay en él se encuentra
manchado de espíritu mezquino y aún de mal, ha de hurgar y
buscar más sutilmente hasta identificar todos los puntos
positivos ya presentes en su vida; y a su través, se
revelará a sus ojos el camino que habrá de seguir para
identificarse con la Verdad de D's y retornar plenamente al Creador.
Porque desde toda posición es posible el retorno, y no hay lugar
ni estado de conciencia del que esté ausente D's, cuya majestad y
numinosidad pueblan el mundo todo.
Como vemos escrito en la continuación de nuestra parasháh
(Shemót XVIII,9): "Y unió Itró", y se unió
desde la felicidad por todo el bien que hiciera el Creador al pueblo de
Israel.
Así debe generar y revelar cada judío felicidad y
alegría en su interior, a partir de cada elemento positivo y
bueno que descubre en su propia vida. Cada quien debe alegrarse
fervientemente con cada porción de sí que le hace bueno,
con certeza de que el Creador le habrá de confortar por ello, y
desde allí se abrirán para él los caminos del
más pleno retorno. Como expresó al respecto el rey David
(Salmos CIV,33): "Cantaré a mi D's con mi aún" (el
versículo es naturalmente intraducible, y tal una de sus lecturas
parciales posibles): le cantaré, aún con lo poco que haya
en mí que sea capaz de cantarle. Y desde ahí, comenzamos
a caminar el camino hacia el verdadero y más pleno canto.
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"Matók MiDvásh" es el
primer paso hacia la puesta en marcha del proyecto
"Ieshivah.Net / EstudiosJudios.Net", del que comparten
responsabilidad las instituciones Banáij Tsión de Jerusalem y Patrimonio
Sefardí. Nacido de la vocación de expandir y
compartir la belleza de la Toráh y la fuerza de la verdad, se
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la cifra crece cada día. Crecen también el foro, la
producción de contenido, la dedicación de un grupo
creciente de rabinos y hombres de Toráh que se comprometen con el
proyecto. El Beit-Midrásh
Virtual, con clases de Toráh, en audio y voz y en tiempo
real, es ya una realidad, y las grabaciones de las clases -en una agenda
más nutrida cada día- se encuentran disponibles todo el
tiempo en formato MP3 y también en RealAudio. Proyectamos
hacer crecer el Beit-Midrásh con nuevos cursos y más
maestros, y luego con más idiomas; producir espacios de radio y
un fondo editorial; seguir creando herramientas de apoyo al crecimiento
espiritual de todos, desde nuestra cotidianeidad dedicada al estudio y
el goce de la verdad.
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vocación de bien por primera inmediata respuesta.
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El
Shabát del mundo por venir
por Rav Eial Kedmi, raveial@banayichzion.com
Nuestra parasháh es ésta en que D's revela para nosotros
la finalidad de nuestra propia existencia, el objetivo trascendental de
toda la Creación. Y en ello, tiene la dimensión del
más alto Shabát de todos: el Shabát que esperamos
vivir en el momento de la verdadera Redención.
Porque nuestros días se encuentran bajo el peso de la
maldición primordial "con el sudor de tus narinas comerás
pan", que aleja al hombre de la labor sagrada y dificulta su retorno a
una vida espiritual. Mas el Creador, que dirige a Su mundo y abre a sus
creaturas todas las puertas del bien, dispone para nosotros el
Shabát: la correcta y completa preparación en
vísperas de shabát, pone al hombre en condiciones de
experimentar su condición de "hijo de Rey" una vez que ingresa al
día en que la sacralidad de la Creación se revela
plenamente.
Por ello, debemos disponernos como verdaderos hijos del Rey, honrar y
deleitar al shabát y deleitarnos en él, con exquisiteces y
vestimentas honrosas; y con felicidad desbordante retornar del
beit-knéset (sinagoga) al cabo de la plegaria vespertina,
inaugurando e inaugurándonos, ante una mesa plena de lo mejor a
nuestro alcance; y consagrar en ella el vino y el pan a D's, y agradecer
por cuanto se nos brinda desde siempre, y desde ya, por cuanto nos
aprestamos a recibir y finalmente ser en esos días de
Redención, ese Shabát celestial de los tiempos por llegar.
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