"y os icé sobre alas de águilas y os traje hacia mí"
Revista Matok MiDvash, desde Jerusalem
Matók MiDvásh: prensa electrónica de Ieshivah.Net - Edición No. XIII
Iar 5764, Parashát Emór, desde Jerusalem
Edición dedicada a la sanación completa de Iehudah Arie ben-Avraham, y a la sagrada memoria de Sarah bat-Ovadiah y Meir ben-Iaakov
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Todo está escrito; y estamos aquí para aprender a leer A modo de Editorial
Siempre hablamos en voz alta


Queridos amigos:
Todo esta en la Torah: solo nos resta verlo, y para ello hay que vivirlo

Comentando nuestra parasháh, trae el Zohar este diálogo singular: Rabi Iosi y Rabi Itsják caminaban juntos y departían. Dijo Rabi Iosi a Rabi Itsják: Está escrito "Y llamarás al shabát deleite para consagrar a D's (...)", y luego dice "lo honrarás, absteniéndote de hacer tus caminos y de hablar palabras profanas".
Rabi Iosi comprende fácilmente la prohibición de realizar trabajos profanos en el día consagrado por D's, comprende que debamos abstenernos de "salir a los caminos" ese día, pero pregunta: "¿Qué prohibición es ésta de hablar palabras profanas? ¿Qué clase de violación podría ello suponer?". Le respondió Rabi Itsják: "Sin duda sería una profanación. Porque no hay palabra del hombre que carezca de voz, y cada voz se eleva a las alturas, y en los mundos elevados despierta otra palabra y otra voz". Y cuando despierta en las alturas, en el día sagrado, una voz de lo profano, sin duda estará profanando la perfección sutil de la consagración.

En nuestra parasháh, el pueblo de Israel continúa su camino de aproximación a la conciencia plena de la Verdad. Al inicio de la parasháh, se nos ofrecen las leyes que regirán el oficio sagrado del Cohen, el Sacerdote. Estas leyes son la cúspide del trabajo sagrado; desde la actividad del Cohen en el Beit-HaMikdásh se delinea hacia nosotros la relación de la humanidad entera con el Creador. Y sabemos que, para el futuro por venir, el pueblo de Israel entero estará llamado a ejercer el sacerdocio; de modo que estas leyes tienden a moldear la conciencia de cada uno de nosotros.
A continuación, una vez que tomamos las reglas que nos vuelven hábiles para la consagración, procede la parasháh a proyectar esta nueva conciencia en las dos dimensiones restantes a cuyo través discurre nuestra vida: el tiempo y el espacio. En primer término, realiza un rápido pasaje por el año judío: las distintas fechas sagradas y su trabajo singular aparecen descriptas aquí con claridad. En segundo término: "Y cuando vengáis a la tierra...."; ésto es, habla de cómo tratar el espacio, cómo consagrar el lugar y los frutos que nos ofrece. Porque de algún modo, en cada verso de Toráh, en cada palabra, en cada letra, se ilumina para quien ahonde en ella la Toráh completa, y cada letra alude a la necesidad de todas las demás.
 
Esta semana, comienza a volverse realidad la segunda etapa de este sueño que compartimos: el proyecto Ieshivah.Net. Nuevos columnistas en nuestra revista, nuevas clases que van poblando la agenda del Beit-Midrásh virtual, nuevos rabaním incorporándose al equipo, aportando sabiduría y puntos de vista. Hoy, damos la bienvenida a Rav Marcelo Krawiec, que comienza un ciclo de clases desde Mexico, de las que se podrá participar todos los martes en http://www.beitmidrash.org/. También inauguramos un nuevo espacio en "Matók MiDvásh": a cargo de Galia Ginerman, la columna dedicada a la mujer judía, con reflexiones que habrán de acompañarnos cada semana al compas de cada parasháh, de cada formulación en que la letra de la Toráh se vuelve arcilla para que con ella construyan nuestras manos.
 
El ordenamiento temático de nuestra parasháh nos habla de Shalóm: de la paz que nace de la plenitud; de la realización completa de lo mejor de cada uno de nosotros. Para arribar al Shalóm -como para arribar a cualquier destino- hay que surcar los caminos del laberinto vital. Mas al Shalóm sólo se arriba cuando los caminos recorridos son los del mapa de la Creación y de la Vida que provee la Toráh. Entonces, nace del arte de preguntar el ejercicio de la respuesta: tiempo y espacio, las circunstancias todas, resultan subordinadas a un propósito trascendental, y plenos y claros, desplegamos en alas blancas lo mejor de nosotros.

Invitándoles a visitarnos en nuestro Beit-Midrásh virtual, y esperando que disfrutéis del material de esta revista, que ha sido preparado con amor,
con vosotros mis brajót, desde una Ierushalaim luminosa,


daniEl I. Ginerman
editor@ieshivah.net




El verdadero sentido de participar de la Verdad


EL BEIT-MIDRASH VIRTUAL DE IESHIVAH.NET


MIRA LA AGENDA COMPLETA DE CLASES DE NUESTRO

BEIT-MIDRASH ONLINE Y DISFRUTA DE CUANTAS PUEDAS

En el correr de los próximos días, inauguraremos con ayuda de D's el nuevo sitio web de Ieshivah.Net y BanaijTsion.com, con materiales de estudio y las grabaciones de todas las clases brindadas en nuestro Beit-Midrásh virtual. Entretanto, te invitamos a disfrutar las clases que tienen lugar casi cada día: en tiempo real, en audio y texto, clases de Toráh brindadas por los rabaním de Banáij Tsión desde Jerusalem. Sólo debes ingresar a http://www.beitmidrash.org/, dejar que tu computadora baje durante unos 5 segundos el software con que trabajamos (que se instala solo), poner tu nombre e ingresar.
Si recibes un mensaje de error al intentarlo, por favor desinstala el software clickeando aquí, y vuelve a repetir el procedimiento inicial. Si aún te da algún error, hay varias soluciones posibles, todas muy sencillas, explicadas aquí.


Materiales para las clases, anuncios, y consultas a los Rabaním, se canalizan a través del foro "Banaij Tsión", bajo el auspicio y los oficios de la Comunidad Judía de Murcia.

Esta semana comienzan dos nuevos ciclos: los domingos, "Toráh para vivir con ella" a cargo de Daniel I. Ginerman. Los martes, "Judaísmo en tiempo real", a cargo de Marcelo Krawiec. Se encuentran en preparación, mientras tanto, dos nuevos cursos: uno sobre Halajáh que incluirá una visión "panorámica" de las reglas concernientes a las distintas áreas de la vida judía, y otro que, bajo el título "Netsór leshonjá meRá" ("prevén a tu lengua del mal"), trabajará sobre todos los aspectos relativos al cuidado de la lengua, y la verdadera incidencia y valor de cuanto hablamos en nuestra vida espiritual.


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Todo está escrito; y estamos aquí para aprender a leer APRENDIMOS EN LA GUEMARA ESTA SEMANA


...cuando nada le va en ello

Un hombre no peca cuando nada le va en ello

En la hoja 5 del Tratado de Babá Metsía del Talmud Bablí, comienza el tratamiento de un caso de robo de ganado por parte de un pastor que cuida rebaños de terceros. El problema que enfrentamos en cierto punto del debate  consiste en que, si pudiéramos creer en la palabra del demandado, podríamos hacerle jurar su inocencia. Mas no creemos en la palabra del pastor, porque tenemos testigos de que robó al menos una mínima parte de lo que se le reclama. Mas alguien considera que aún antes de todo testimonio debiéramos desechar su palabra: "puesto que sabemos que es pastor, y" como estableció Rabi Iehudáh,  "los pastores tienden a permitir que su ganado pastoree donde están las mejores pasturas", aún si con ello están cometiendo robo, por pertenecer tales pasturas a terceros.

Mas esta tesis es desechada de inmediato, al comprobar que Rabi Iehudáh sólo puede haberse referido a los pastores que procuran alimento para su propio ganado; ¡nunca a los que procuran pasturas para el ganado de terceros!
¿Por qué? Porque quien tiene interés propio en la alimentación de los animales que cuida, se verá tentado de proveerles el mejor alimento aún si para ello debiera transgredir la propiedad privada, porque de ello obtendrá más tarde su propio provecho.
Mas, ¿qué interés podría alentar a quien pastorea el ganado de terceros a cargar con la culpa del robo de pasturas? ¿Con qué objeto lo haría, si no ha de obtener provecho extra alguno a partir de la mejor alimentación de los animales encomendados a su cuidado?

De aquí, la "jazakáh", una condición fija al inicio de todo análisis en que se apoyará un juicio: No presumimos delito en quien de ningún modo obtendrá provecho de él. Un hombre no comete una transgresión que pesará luego sobre él, si nada gana a cambio.





Todo está escrito; y estamos aquí para aprender a leer"DILE A LOS SACERDOTES"; ESTO ES:
A LAS MUJERES QUE SOSTIENEN VUESTROS TEMPLOS

por Galia Ginerman

En la lectura de la Toráh de la semana pasada recibimos, de parte del Creador, la orden de ser "kedoshím", sagrados, diferenciados. Y el modo en que el judío se torna sagrado depende, en los hechos, de la mujer. Veamos por qué.

En nuestra parasháh, Emór, hallamos varias pistas y una gran lección al respecto. Esta parasháh comienza tratando del trabajo de los Cohaním, los sacerdotes, en el Beit-HaMikdásh, el Templo de Jerusalem. El Beit-HaMikdásh es el corazón del pueblo judío, y por su propia naturaleza, ha de reinar en él la pureza.
Sólo los Cohaním, hijos de Aharón, tienen permitido ingresar y servir en el Kodesh, el espacio del Templo en que la sacralidad se hace manifiesta. Y ellos mismos deben purificarse y consagrarse por diversos medios: sus cuerpos deben ser salvos de toda imperfección y toda mácula; deben evitar contaminarse a través de cualquier contacto con la muerte o con todo objeto portador de impureza, y aún así, deben purificarse antes de ingresar a servir en el Beit-HaMikdásh.

El hogar judío sigue el modelo del Beit-HaMikdásh. Así como el Templo es el corazón del pueblo judío, así también el hogar judío es corazón, fundamento y cimiento secreto de la eterna continuidad del judaísmo. Así como el Cohén sirve en el Templo, y cumple su cometido cuidando la pureza y la sacralidad del Templo en todos sus aspectos, así también la mujer, corazón y motor del hogar judío, lleva consigo la responsabilidad de preservar la continuidad del hogar.

¿Y por qué medios lo consigue?

Hay tres mitsvót -preceptos- fundamentales que recaen sobre la mujer, y son: "Taharát hamishpajáh" (pureza familiar), "hafrashát jaláh" (separación de la jaláh) y "hadlakát hanér" (encendido de la vela). Estas tres mitsvót están conectadas con el funcionamiento interno del hogar, y son paralelas a tres oficios que recaen sobre el Cohén en el Beit-HaMikdásh.

En el Beit-HaMikdásh, el Cohén tiene el deber de preparar el "Ner Tamíd" (la luminaria perpetua), y encender la Menoráh, el candelabro de siete brazos. En el hogar judío, cada víspera de shabát enciende la mujer las velas que bienvienen al shabát. Las normas que rigen el encendido de las velas en el Templo son similares a las que rigen, para la mujer, el encendido de las velas de shabát (como se puede comprobar en "Dinéi haPetilót" del Rambá"m, Temidín III, 15).

El Beit-HaMikdásh construido por el rey Shlomóh (Salomón) tenía ventanas que eran anchas por fuera y angostas en su terminación interior. De ese modo, se evitaba que la luz del exterior se filtrara hacia el interior del recinto. Puede sonar extraño, si consideramos que en general nuestra preocupación es que la luz ingrese por las ventanas e ilumine la casa. Pero no así sucede en el Beit-HaMikdásh. En el lugar del que emerge la Toráh, no sólo para el pueblo de Israel sino para el mundo todo, no hay sitio para luz que provenga de fuera. Por tanto, es el Beit-HaMikdásh el que proyecta su luz, desde dentro de sí hacia el exterior.
Y así también en el hogar judío. Las velas que enciende la mujer simbolizan toda la luz espiritual del hogar, y están llamadas a iluminar el exterior, desde el corazón de la casa. El hogar judío no se somete a las influencias del exterior: debe permanecer limpio y puro, y de él deben nacer las buenas influencias que se proyectarán al entorno.

La segunda mitsváh es la "separación de la jaláh", una mitsváh que recae sobre la mujer en el marco de las ocupaciones del hogar.
Los Cohaním, en el Beit-HaMikdásh, tienen el deber de hornear jalót, panes trenzados, cada víspera de shabát.
La mujer, en su hogar, tal como el Cohén en el templo, cuando hornea las jalót, tiene el deber de separar una parte de la masa (llamada "jaláh") y entregársela al Cohén (hoy, que no tenemos Beit-HaMikdásh, no se entrega al Cohén sino que se quema, o se desecha dentro de una envoltura doble).
La separación de la jaláh es como la entrega del diezmo: un hábito que refuerza la fe en el hogar. Está prometida la manutención necesaria a todo quien entrega el diezmo de sus ingresos; y está prometido todo el sustento necesario a quien separa la jaláh. Cuando somos concientes de que cuanto disponemos nos llega directamente del Creador, separamos con alegría parte de nuestro alimento para los Cohaním, y declaramos así nuestra fe inquebrantable en que El es quien alimenta y da sustento y provee riqueza, y así educamos en la fe completa a nuestra descendencia.

También la Haftaráh (la sección de los Profetas que leemos a continuación de la Toráh en shabát) de esta semana, en Ezequiel 44, retorna sobre el tema de la separación de jaláh: "Lo primero de vuestra masa entregadlo al Cohén, para hacer que se pose la bendición en tu hogar"; se trata de una promesa explícita de D's, acerca de que en el hecho de separar la "jaláh", ¡reside el secreto de atraer brajáh, bendición, sobre nuestro hogar judío!

La tercer mitsváh es la de "taharáh": pureza; cuya importancia tiene especial destaque en nuestra parasháh. El Beit-HaMikdásh es la luz y el corazón del pueblo judío, y de él sale la Toráh y la luz hacia el mundo todo. De suyo, debe estar en el estado de mayor pureza, ausente de toda contaminación, para que sea vivificante su luz y nos sea posible vivir en ella.
Así también, el hogar judío, que es el Beit-HaMikdásh de la célula fundamental del pueblo, debe vivir en pureza; y de lo contrario, estará en riesgo su continuidad. Y esa pureza se manifiesta en la mitsváh de "taharát hamishpajáh" que recae sobre la mujer.

¿Qué es "taharáh", pureza? Es vitalidad, potencia para la vida. La "tumáh" o contaminación de lo impuro es, por el contrario, el poder de las fuerzas de muerte sobre la vida: ausencia de vitalidad.
La continuidad del hogar judío sólo puede manar de la fuente de su vitalidad; ésto es: de la pureza.
La mujer en edad fértil, durante los días en que no lo está, ingresa a un estado opuesto a la vida, que se hace manifiesto en la sangre menstrual. La sangre expresa de que, en ese estado, la mujer no puede producir vida. Y al Beit-HaMikdásh sólo se puede ingresar en estado de pureza. Quien está contaminado de muerte, tiene prohibido el ingreso al Templo.
El hogar judío es un Beit-HaMikdásh, y en él, la sexualidad de la pareja es el Kodesh HaKodashím, el Sancto Sanctórum. La impureza de la "Nidáh" (el estado de infertilidad de la mujer expreso en la sangre menstrual) obsta al contacto físico de la pareja, porque ese contacto es el área de mayor sacralidad del Templo, y ninguna impureza tiene en él lugar.

Y tenemos un ejemplo terrible en nuestra parasháh, acerca de las consecuencias del descuido en todos los componentes de la preservación y la continuidad verdaderas del hogar judío. Nos habla nuestra parasháh de un hombre "hijo de una mujer de Israel, que se levantó y profanó el nombre" de D's. Este hombre es hijo de un egipcio. El escrito llama por su nombre a la mujer: Shulamít bat-Dibrí. En su análisis, explica Rashi que esta mujer hablaba con todos, a todos saludaba y con todos se detenía a conversar. A toda influencia estaba dispuesta: en vez de expandir desde dentro de su casa la luz de sus mitsvót, tomaba hacia dentro del hogar las influencias de la calle egipcia; esa calle que decía, como el propio Faraón, "quién es D's para que atienda a su palabra", "no conozco a D's", contradiciendo la fe sagrada.
Y en vez de guardar su pudor y cuidar de su pureza, arriesgó a cada palabra la continuidad de su Templo, hasta que ingresó en él un egipcio, del que dio a luz a este hijo que años más tarde habría de profanar el nombre del Creador. De tales influencias con que permitió que se contaminara su hogar, nació por fin la maldición.

La continuidad del pueblo de Israel se apoya y halla fundamento en las mujeres, que nos ocupamos del oficio sagrado como lo hace en el Beit-HaMikdásh el Cohén. Y es de gran importancia que sepamos cuidar de nuestra singularidad, de la sacralidad de nuestro hogar y nuestro pueblo, y sepamos construir, con las mitsvót que tenemos en nuestras manos las mujeres, los cercos correctos para que nuestros hogares, nuestros Templos, emitan luz de Toráh para todos quienes nos rodean, para el mundo todo, y para las generaciones que vienen tras nosotros.





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Todo está escrito; y estamos aquí para aprender a leerEL MARAVILLOSO PRIVILEGIO DE CRECER
por Rav Biniamin Cohen

"Un toro o una oveja o una cabra que nazca, estará siete días con su madre, y a partir del octavo día podrá ser ofrecido en sacrificio...", indica nuestra parasháh, entre las reglas atinentes a los oficios del Templo.
Y salta de aquí la siguiente pregunta: ¿por qué escribe la Toráh acerca de "un toro, o una oveja, o una cabra que nazca"? Al nacer, no hay toro sino ternero, ni tampoco oveja, sino cordero. ¿Por qué son referidos al nacer por los nombres de su adultez?
En el Zohar, el tema se explica del siguiente modo: "Dijo Rabi Aba, ven y mira: Un hombre, en el momento de nacer, carece de las energías elevadas hasta que es circuncidado. Con la circuncisión, despierta en él la aptitud para la Toráh. Más tarde, cuando toma mujer en matrimonio y procrea y tiene hijos y los guía por el camino de la Toráh, recién entonces se convierte en un hombre completo".
Pero un animal, una bestia, en el mismo momento de nacer recibe la misma calidad de energías que recibirá durante toda su vida hasta el momento de la muerte. Por eso son llamados los animales, al nacer, con el nombre que les designa luego, en la edad adulta. Para enseñarnos que el hombre es distinto de la bestia, aunque en apariencia resulte que tenemos iguales apetitos y básicamente igual actividad, y aún más: la bestia no sufre de las presiones y las tensiones de los hombres.
Pero los hombres, a diferencia de las bestias, disponemos de todo el tiempo de nuestras vidas para renovarnos, crecer, trascender de etapa en etapa, acercarnos a la completitud de nuestra potencia, y aproximarnos así al Creador hasta convertirnos en hombres completos.





Todo está escrito; y estamos aquí para aprender a leerSERAS SAGRADO Y CONSAGRARAS EL TIEMPO
por Nuriel Cohen

* El versículo (Vaikrá XXII,32) dice: "Y me consagraré dentro de los hijos de Israel, Yo, D's, que los consagra". E inmediatamente de dicho ésto, pasa a las mitsvót concernientes a los "moadím", las fechas sagradas a lo largo del año. La conexión estriba en que una vez que el pueblo de Israel, y cada uno de sus integrantes, se torna sagrado por vía de su propia acción, y recibe en su interior la vitalidad suprema que le provee el Creador, se torna Israel apto para consagrar el tiempo, las fechas del año fijadas por la Toráh como mojones de sacralidad de los que alimentar el tiempo todo, y desde estas fechas, incidir con kedusháh sobre el tiempo y la Creación.

* Tras detallar extensamente todo el tema relativo a las festividades y conmemoraciones del año judío, nuestra parasháh culmina la exposición de los tiempos haciendo referencia al Shabát: "Estas son mis fechas, seis días harás trabajo y en el séptimo será shabát shabatón, no harás trabajo alguno en él" (Vaikrá XXIII, 2-3). Se pregunta el Gaón de Vilna por qué esta contigüidad, y explica que el versículo se refiere también a las fechas festivas, expuestas aquí del siguiente modo: hay seis fechas consagradas por la Toráh en las que está permitido realizar algunos trabajos -los necesarios para la propia alimentación-. Estas fechas son: dos días de Pésaj, un día de Shavuót, un día de Rosh Hashanáh, y dos días de Sucót. De este modo, al decir el versículo "seis días harás trabajo y en el séptimo" no, está indicando que en esos seis días festivos está permitido realizar trabajos para procurar alimento, pero que en el séptimo de los días sagrados, que es Iom Kipúr, está prohibido todo trabajo para toda necesidad de que se trate.




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Todo está escrito; y estamos aquí para aprender a leer

UN MAESTRO, UN AMIGO, Y LA CAPACIDAD DE JUZGAR PARA BIEN
por Rav Meir Ifraj

Nos dice en su capítulo primero el sagrado libro de "Pirkéi Avót": "Iehoshúa ben-Pirjáia dice: Hazte un Rav -un maestro-, y adquiere un amigo, y juzga a todo hombre para bien".

"Hazte un Rav": que el hombre necesita contar con alguien que disponga del conocimiento de que él mismo aún no dispone, alguien que sepa lo que él ignora. Pues quien adquiere sabiduría todo lo tiene, y rico es quien vive feliz con la porción de mundo que le toca. Y para ser rico, para ser feliz, es imprescindible contar con un referente, un guía, en la sabiduría.

"Y adquiere un amigo": Como dijo el rey Shlomóh -Salomón-: "Mejor son los dos que el uno", porque si uno se cae, su amigo le ayudará a incorporarse. El hombre necesita de un buen amigo con el que afilarse recíprocamente, con el que complementarse en la sabiduría y en la acción, con el que discutir puesto que también la discusión ayuda a crecer. Un hombre que, por el contrario, está solo, podrá permanecer incambiado toda su vida; como expresa la conocida metáfora: "no se afila sólo un cuchillo, sino que necesita de una piedra que lo desgaste".

"Y juzga a todo hombre para bien": Si ves a un hombre de quien no sabes si es un justo o un malvado, y hélo cometiendo una acción prohibida, recae sobre tí la mitsváh de juzgarlo para bien, de presumir su inocencia y decir que seguramente tuvo buena intención, o que acaso se equivocó, o quizá "no comprendí lo que vieron mis ojos". Porque en realidad, ciertamente, no sabemos nosotros qué hay en el corazón de un hombre y cuáles son sus inquietudes y sus intenciones, que sólo el Creador conoce. Y es parte inseparable del camino de bien juzgar para bien al otro, tal como quisiéramos ser juzgados nosotros en todos nuestros actos para bien. Así está escrito en nuestros libros sagrados: que cuando un hombre tiene la oportunidad de juzgar a otro para bien, en ese mismo instante, en los cielos tiene lugar otro juicio en que el juzgado es él a partir de su actitud; y esperan en el Tribunal de las alturas a verificar cuál será su actitud a la hora de juzgar, y tal como él actúe, así actúan respecto de él.

Por eso, amigos míos, debemos fortalecernos en todos estos puntos maravillosos que nos han señalado nuestros sabios, y crecerá en nosotros el provecho del alma y una gran felicidad. Y sea la Voluntad que sepamos merecerlo, Amén.



  Todo está escrito REFLEXIONES CAMINO A CASA
por Rav Dorón Rosilio

Queridos hermanos y hermanas:

Quiero conversar con ustedes con la ayuda de D's acerca de Sfirát HaOmer, la cuenta del Omer que son estos días que transcurren desde el momento cúlmine en que salimos de Mitsráim hasta que nos es entregada la Toráh en el Monte Sinai: desde Pésaj hasta Shavuót. Se trata de dos eventos de gran importancia en nuestras vidas, dos eventos enormes y profundamente diferentes entre sí.

La salida de Mitsráim ocurre cuando ya estamos casi completamente perdidos; apenas un instante antes del final, antes de que nuestra situación se tornara irrecuperable, Hashém nos saca súbitamente de allí. Y ésto nos despierta nuevas preguntas: ¿Por qué tuvimos, de por sí, que pasar por esa esclavitud? ¿Por qué tuvimos que esperar hasta el último momento? ¿Por qué el exilio tuvo que ser de tan terrible esclavitud, y justamente en Mitsráim? No voy a proveerles respuestas a todas estas preguntas; antes bien, les regalo la oportunidad de deleitaros con ellas. Porque también hay una oportunidad de deleite en la pregunta sin respuesta, una oportunidad de aproximación y conexión y vivencia y aún de apertura al entendimiento, ¡desde el hecho mismo de enfrentar preguntas para las que no tenemos respuesta!

D's nos saca de Mitsráim con milagros revelados, con maravillas, obrando modificaciones a la naturaleza ante los ojos de todo el mundo. La salida de Mitsráim es una luz enorme, inmensa, máxima, a que accede el pueblo de Israel justo antes de llegar al último escalón en su descenso. Una salvación milagrosa pero temporal, que debe culminar porque el milagro revelado no ha de ser la norma que rija la realidad. Entonces, ni bien culminada la liberación, comienza el viaje, el camino del aprendizaje y la preparación, el entrenamiento, la construcción, el direccionamiento y la guía que nos va convirtiendo lentamente de esclavos en seres libres que llegan al pie del Monte Sinai tras cuarenta y nueve días en que vamos ascendiendo, peldaño a peldaño, alistándonos para el encuentro, para la boda entre el pueblo de Israel y el Creador. Siete semanas; siete veces siete días. Y en este instante, nos encontramos nosotros en medio de este viaje, en la quinta semana, contando los días que restan hasta la recepción de la Toráh bajo el palio consagratorio del Sinai.

Todo quien logra aproximarse a la realidad del Creador, todo quien logra desear la luz de la Verdad, recuerda la salida singular de su Mitsráim privado, y ese destello de luz enorme que se reveló sobre él de pronto, cual un rayo en la oscuridad. Esa sensación sobrecogedora de revelación repentina, fascinante; esa certeza de estar de retorno, volviendo al hogar, de ser el hijo amante y amado que vive la maravilla del reencuentro, y tras el vértigo de los abrazos y la calidez y el amor, comenzar a subir lentamente, paso a paso, por la ladera de la montaña, adquiriendo cada día una nueva dimensión de vida, cada semana, cada año, toda la vida, cada instante un sentido nuevo y la certeza del crecimiento que no cesa.




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