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"y os
icé sobre alas de águilas y os traje hacia mí"
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Iar 5764, Parashát Behar-Bejukotai, desde Jerusalem Edición dedicada a la sagrada memoria de David ben-Avraham z"l y Abraham ben-Jaím z"l |
A modo de Editorial:Que soy capaz de recibir, de vivir, y de brindar PARA QUE SEA TESTIMONIO DE LA VERDAD Queridos amigos: ![]() Entre los temas tratados en parashát Behár, se encuentran
las leyes relativas a "shvi'ít", el séptimo año, en que prohibe la
Toráh cultivar, cosechar, tomar provecho de la tierra. Tras establecer
ésta y otras leyes, hallamos una instancia de prueba, de comprobación
de la verdad. Y dice así, en Vaikrá XXV, 20: "Y si decís (si os
preguntáis) qué comeremos en el séptimo año, si no plantaremos y no
recolectaremos nuestra cosecha". A este versículo, refiere Rabi Iehudáh
un versículo de Tehilím (Salmos XXXVII,3), cuyo sentido intentamos
traducir así: "Confía en D's, y haz bien; mora (halla asiento en) la
tierra, y alimenta la fe".
Les
invito a
visitarnos en nuestro Beit-Midrásh virtual, a
disfrutar del estudio, a cooperar con este proyecto creado para
vosotros. Esperando que disfrutéis del material de esta revista,
que ha sido
preparado con amor,Cuatro son las etapas del trabajo del hebreo en esta vida. La primera: "Confía en D's". A cada paso hallarás desafíos y pruebas frente a los cuales la lógica te indicará un camino ajeno a la Toráh. Confía, ten fe. El ejercicio de la fe sabe mudar la realidad. Debes saberlo y hacerlo parte de tí. Una vez que estás cierto en ello, una vez que sabes que no hesitarás en hacer lo correcto por más que no responda eventualmente al dictamen de nuestra lógica insignificante y mezquina, estarás en condiciones de oficiar correctamente la segunda etapa: "haz bien". Hacer el bien es conducir la propia vida de acuerdo a la Toráh, a las mitsvót, a la sabiduría de la verdad. Es tomar la Toráh por mapa de tu laberinto, y conducirte por los caminos que la Toráh te muestra en cada orden de la vida. Explica el Zohar en este punto que, cuando haces el bien en el mundo material, despiertas bien y bendición en el firmamento: abres las puertas de la brajáh, de la bendición, para que ésta penda sobre tí. De ese modo, el ejercicio del bien en todas sus formas incide en los órdenes material y espiritual de la vida de modo directo, y atrae bendición. Gracias a la realización armónica de estas dos primeras etapas (asentar la confianza en D's, y a partir de ella, obrar bien), es posible arribar a la tercera: "Mora (halla asiento en) la tierra". En la explicación de Rabi Iehudáh, "la tierra" aquí es expresión de ambas dimensiones: material y espiritual. A través del ejercicio del bien "abajo", despiertas la respuesta, el reflejo, del verdadero bien, que proviene de "arriba". Y con ello, se constituye en tí una armonía única, sólida, que se proyecta en hallar tu sitio, el espacio físico-mental-espiritual que te es propio, en el que podrás desarrollar todo tu potencial. Hallar verdaderamente asiento en la tierra es acceder a la vida que hace propicio todo el bien y toda la belleza que soy capaz de recibir, de vivir, y de brindar. Y cuando ésta se hace realidad, automáticamente se cumple la instancia final: "alimenta la fe". El verbo original que hemos traducido por "alimenta" es de sentido mucho más amplio y preciso; es "lir'ót", traducible también por "pastorear". Y la metáfora no podría ser mejor, puesto que un pastor que lleva a su rebaño a pastar, procura para él las mejores pasturas. Tales pasturas no son alimento para consumo humano: nadie que no los animales lo comería. Mas a través de buscar, para sus animales y de acuerdo a lo que ellos están aptos y dispuestos a comer, las mejores pasturas, el pastor está procurando para más tarde el sustento de más elevada calidad para los hombres: la mejor carne, la mejor leche, la mejor lana, el mejor cuero; alimento y abrigo que brindará luego el animal a los hombres, gracias a la dedicación del pastor que procuró las pasturas. Tal es el proceso que lleva a alimentar la fe, a alentarla, a expandirla: a activar la bendición del Creador sobre sus creaturas desde el ejercicio feliz de la Toráh. No está en nuestras manos producir la carne, la lana, el cuero: está en nosotros, sí, procurar las pasturas; generar las causas que darán por resultado la bendición, la felicidad, el bien. Y esas "causas" que resultarán en tales efectos son el ejercicio propio de la fe, el trabajo de las mitsvót, el amor y la entrega desde la plena convicción de verdad y bien que nos enseña la Toráh. Entonces, tras proponer la Toráh: "Y si decís (si os preguntáis) qué comeremos en el séptimo año, si no plantaremos y no recolectaremos nuestra cosecha", así responde Hashém al desafío en el versículo siguiente: "Y ordenaré mi bendición para vosotros en el año sexto, y se hará la cosecha para tres años". Esto es: si confiáis, y hacéis bien, y halláis entonces vuestro lugar en la tierra y expandís la fe, de modo natural regirá la bendición para vosotros. Y desde que la finalidad del proceso es la expansión de la fe, la afirmación del lazo que une al Creador con sus creaturas por vía de hacer manifiesta y visible en la realidad Su majestad y presencia, no dice: "os daré cosecha suficiente para tres años", ni "cosecharéis el triple de lo habitual". En su lugar, dice: "y se hará la cosecha para tres años". Porque habrá de ser como en el milagro de Janucáh, en que la vasija de aceite suficiente para un único día duró ocho (y fue "esa" única vasija; no ocurrió que de la nada aparecieran siete vasijas más, sino que el contenido de esa única vasija rindió ocho veces lo previsto): la cosecha será normal, como cada año, mas rendirá, en un milagro revelado permanente, el triple de lo habitual. Para que sea testimonio de la verdad. Para que cada momento de la vida, cada orden, cada área del quehacer de nuestros días, sea testimonio de la verdad. Por ello, también el capítulo XXXVII de Tehilím continúa diciendo, tras el versículo que analizamos: "Y deléitate en Hashém, y te dará lo que pida tu corazón". Porque del deleite en el bien, del deleite en la Toráh y su estudio y ejercicio permanente, nace el deseo certero, capaz de volverse realidad. con vosotros mis brajót, desde una Ierushalaim luminosa, daniEl I. Ginerman editor@ieshivah.net |
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| EL BEIT-MIDRASH VIRTUAL DE IESHIVAH.NET MIRA LA AGENDA COMPLETA DE CLASES DE NUESTRO BEIT-MIDRASH ONLINE Y DISFRUTA DE CUANTAS PUEDAS En el correr de los próximos días, inauguraremos con ayuda de D's el nuevo sitio web de Ieshivah.Net y BanaijTsion.com, con materiales de estudio y las grabaciones de todas las clases brindadas en nuestro Beit-Midrásh virtual. Entretanto, te invitamos a disfrutar las clases que tienen lugar casi cada día: en tiempo real, en audio y texto, clases de Toráh brindadas por los rabaním de Banáij Tsión desde Jerusalem. Sólo debes ingresar a http://www.beitmidrash.org/, dejar que tu computadora baje durante unos 5 segundos el software con que trabajamos (que se instala solo), poner tu nombre e ingresar. Si recibes un mensaje de error al intentarlo, por favor desinstala el software clickeando aquí, y vuelve a repetir el procedimiento inicial. Si aún te da algún error, hay varias soluciones posibles, todas muy sencillas, explicadas aquí. Materiales para las clases, anuncios, y consultas a los Rabaním, se canalizan a través del foro "Banaij Tsión", bajo el auspicio y los oficios de la Comunidad Judía de Murcia. Desde la pasada semana, además del estudio de "Mesilát Iesharím" (El Sendero de los Justos) a cargo de Rav Guideon Muzykanski y la parasháh de la semana con Daniel I. Ginerman, funcionan en nuestro Beit-Midrásh dos nuevos ciclos: los domingos, "Toráh para vivir con ella" a cargo de Daniel I. Ginerman. Los martes, "Judaísmo en tiempo real", a cargo de Marcelo Krawiec. Se encuentran en preparación, mientras tanto, dos nuevos cursos: uno sobre Halajáh que incluirá una visión "panorámica" de las reglas concernientes a las distintas áreas de la vida judía, y otro que, bajo el título "Netsór leshonjá meRá" ("prevén a tu lengua del mal"), trabajará sobre todos los aspectos relativos al cuidado de la lengua, y la verdadera incidencia y valor de cuanto hablamos en nuestra vida espiritual. |
APRENDIMOS EN LA GUEMARA ESTA SEMANA![]() ¿Qué dice, qué canta, la paloma al Creador? Así le dice: "Amo del mundo: Así sean mis alimentos amargos como la oliva mas vengan de tu mano, y no que sean dulces como la miel dependiendo de los hombres". Talmud Bablí, Tratado de Eruvín 18,2 ![]() No argumenta un hombre si no tiene razones en su mano. Esto es: si alguien defiende ante un tribunal su derecho, se debe presumir que tiene razones que respaldan su pretensión. No es razonable pensar que alguien va a defender ante un tribunal una posición que caiga sola ante un ataque sencillo. Talmud Bablí, Tratado de Shvuót 40,2 |
EL SHABÁT : DE
MANOS DE LAS MUJERESAPRENDEREIS A RECIBIR por Galia Ginerman Queridas lectoras: En la parasháh de esta semana estudiamos sobre la importancia de la mitsváh de Shabát. Se nos ordena cuidar, en la tierra de Israel, del año de Shmitáh (el séptimo año, en que está prohibido tomar provecho de la tierra), y se nos ordena al mismo tiempo el Shabát. Al final de la parasháh, hallamos una equivalencia entre el Mikdásh (el Templo) y el Shabát: "Preservaréis mis shabatót, y mi Templo temeréis, yo soy D's", indica la Toráh. Permitidme compartir con vosotros una experiencia que viví esta semana. Viajamos con mi esposo a celebrar el compromiso matrimonial de una amiga, y en el camino descubrimos que era imprescindible cargar nafta para seguir. Llegamos a una estación de servicio y nos dispusimos a llenar el tanque; mas para nuestro espanto, descubrimos de pronto que no traíamos con nosotros la llave que abre el tanque de nafta del coche. Permanecimos allí, en la estación de servicio, unos cuantos minutos, confundidos y perplejos. ¿Qué hacer? Por un lado, no teníamos nafta. En segundo término, estábamos en el lugar correcto: había muchísima nafta disponible junto a nosotros. Pero no disponíamos de la llave que nos permitiría introducir el combustible en nuestro automóvil. Aprendí que de todo lo que nos sucede en la vida, de todo lo que oímos o vemos, es posible extraer enseñanza: que todo lo que se relaciona con nosotros en la vida, viene a enseñarnos algo. De modo que me pregunté entonces qué venía a decirme ese momento crítico, que yo debía aprender. Y descubrí entonces que esa situación era una representación fidedigna de las vidas de muchos de nosotros. Podemos estar en situación de carencia, de necesidad, y dirigirnos a donde se encuentra lo que necesitamos. Pero si no disponemos de la llave correcta, ¡no seremos capaces de recibir lo que pedimos y se nos ofrece! Es cierto, ¡y terrible! Algunas veces, ni siquiera somos concientes de que aquéllo de que carecemos abunda a nuestro alcance, y de que todo lo que debemos hacer es abrir las compuertas y permitir a la abundancia, a lo que ansiamos, ingresar en nosotros. ¿Cómo hacer para estar siempre preparados y aptos para recibir el bien que se nos ofrece y se nos da? El secreto reside en el cuidado del Shabát. Y el cuidado del Shabát depende fundamentalmente de la mujer. ¿Cómo se entiende? Del siguiente modo: D's creó el mundo en seis días. Y en el séptimo, reposó de todo trabajo. El Shabát nos fue entregado por el Creador como regalo y como señal de que somos Su pueblo, y como tales, representamos y demostramos vitalmente la fe en un Creador único que creó su mundo en seis días. Todos los días de la semana nos esforzamos y trabajamos duro, y cuando llega Shabát, se nos ordena suspender todo ese esfuerzo por completo. Sin duda, suspender toda labor no es en absoluto un desafío sencillo. Por un lado, tenemos la sensación de que si sólo nos dieran la oportunidad, nos entregaríamos al ocio todo el día y viviríamos sin esforzarnos en nada, descansando y disfrutando de la vida. Mas por otro lado, todos sabemos que cuando disponemos de días de "vacaciones", donde no se nos exige ningún esfuerzo, buscamos denodadamente qué hacer, para no sentirnos inútiles, para no sentir que meramente perdemos el tiempo. En apariencia, se ve contradictorio. Por un lado anhelamos descansar, y por otro, necesitamos esforzarnos, hacer, crear. En el idioma sagrado, el hebreo, hay un concepto interesante en relación con los géneros. Nada es masculino o femenino por casualidad. Todo sustantivo masculino tiene en su esencia la entrega, la influencia. Todo sustantivo femenino, tiene en su esencia la recepción, la fecundidad. "Copa" es femenino porque recibe dentro de sí. El "iain" (vino), "jaláv" (leche, masculino en hebreo), "maim" (agua, idem), son en cambio masculinos, y fluyen para dar. La mujer, paradigma de lo femenino, recibe y toma del hombre. Mas bien sabemos todas que no siempre es sencillo recibir; es más: a veces, no queremos recibir. La mayor parte del tiempo, lo que queremos es dar. Como mujeres, como madres, tenemos la voluntad y el deseo de dar a nuestros esposos, de dar a nuestros hijos. Trabajamos duro para dar de nosotros, y con todo lo difícil que es, a la postre, disfrutamos de dar, y siempre deseamos dar. Eso explica por qué a veces nos es difícil recibir, aún cuando siempre anhelemos algo de descanso tras todos los trabajos del hogar, tras la atención que demanda todo lo relacionado con nuestro rol en el hogar. Para quien da todo el tiempo, es difícil tornarse de pronto capaz de recibir. Mas si no nos disponemos a recibir, ¡no habrá continuidad a partir de nosotros! En la formulación más obvia y sencilla, la mujer recibe la incidencia del hombre por vía de espermatozoides, y sólo con ellos se torna capaz de producir vida. Sin la aptitud y la disposición de la mujer a recibir, ¡no continuaría la vida! Y aquí se encuentra el paralelismo con el Shabát. Seis días de corrido trabajamos y nos esforzamos, y de hecho, anhelamos algo de reposo. Pero cuando llega el día de descanso, nos resulta arduo suspender la labor, tal como a la mujer le cuesta constreñir de pronto su voluntad y su inclinación a la entrega, y comenzar a recibir. Y tal como la vida no continuaría si la mujer no se dispusiera en el momento correcto a recibir, del mismo modo el orden del mundo se alteraría y se degradaría si no aprendiéramos a frenar el flujo de la acción por un día, para no hacer, no crear ese día, y en lugar de ello, disponernos a recibir del Creador. De aquí, que el Shabát sea fuente de la brajáh, de la bendición. Si cuidamos del Shabát, cada semana se torna plena de brajáh, aunque nos parezca que la vida se suspenderá si dejamos de hacer, si suspendemos la labor. Pero es al revés: si no frenamos, si no suspendemos la cotidianeidad laboriosa para bienvenir el Shabát, nuestra integridad se dañará y la vida, la verdadera vida, ya no tendrá lugar. Estamos fundamentalmente siempre en situación de poder recibir toda la abundancia, toda la bendición, todo el bien que dispone para nosotros Hashém. La llave para abrirnos al flujo que se nos ofrece está en nuestras manos, mas si no la usamos para abrirnos, nos encontraremos en la misma situación en que estuvimos días atrás, mi esposo y yo: en una estación de servicio que contaba con gran abundancia de combustible, pero con el tanque del auto vacío. ¿Por qué? ¡Por no disponer de la llave! ¡De nuestra llave! Y por ello, antes de ingresar a la tierra de Israel, el pueblo de Israel recibe la orden de D's de cuidar del Shabát, que es la llave que le habilitará a recibir el flujo de bendición; y a continuación: "Y mi Templo temeréis" ("temer", aquí, alude a la sensación de numinosidad frente a lo sagrado). Esto es: la concatenación de ambos temas expresa que, a partir de que cuidemos el Shabát, el Templo estará completo; el Gran Templo de Jerusalem, y también el Beit-HaMikdásh privado, el Templo de cada familia de Israel. Sólo si nos abrimos a recibir el flujo de la bendición a través del cuidado del Shabát, nuestros hogares se tornarán Templos plenos, luminosos y completos. "Yo soy D's", termina diciendo el versículo: fiel a lo que prometo. Si cumplimos con la norma que se nos regala en la Toráh, contamos con la promesa del Creador de poner en nosotros la influencia de su bendición siempre, cada día. |
AMANTES DEL SHALÓMpor Rav Meir Ifraj Está escrito en Pirkéi Avót I,12: "Dice Hilel: Sé de los discípulos de Aharón el Cohén, amante del Shalóm, y que persigue el Shalóm, que ama a las creaturas y las acerca a la Toráh". Hilel nos indica aprender de los caminos de Aharón, que amaba a todas las personas y buscaba establecer entre ellas la paz. Cuando se enteraba de una pelea o un litigio dentro del pueblo, se dirigía a una de las partes y le contaba cuánto el segundo lamentaba la situación y cuánto se arrepentía de haberle lastimado. Luego iba donde el otro, y repetía iguales palabras. Y cuando se encontraban ambos contendientes por fin, se abrazaban y besaban y recuperaban entre ellos la paz. Y así hacía también entre los maridos y sus esposas en todo el pueblo de Israel. Está escrito en la mishnáh que hay acciones que el hombre realiza en este mundo, y su aura y su mérito permanecen para el mundo venidero. Y entre ellas, se encuentra atraer la paz entre las personas. Vaya si es necesario que nos fortalezcamos y aprendamos a atraer la paz, el Shalóm, entre los hombres, y principalmente dentro del propio hogar, los hombres con sus mujeres y sus niños, porque nada hay más dulce y más bello que el Shalóm, la paz de la plenitud. Porque el Shalóm es uno de los nombres de D's, y cuando hay Shalóm en el hogar se evidencia en él la presencia del Creador, y la providencia, y la bendición se hace patente. Y tenemos el privilegio de la Toráh y de las enseñanzas todas de nuestros sabios, que nos indican infinidad de caminos para arribar y asegurarnos el verdadero Shalóm dentro y fuera del hogar, el Shalóm sobre el que se apoya toda verdadera bendición, como está escrito: "Hashém fuerza dará a su pueblo, Hashém bendecirá a su pueblo con Shalóm". |
EL SENTIDO DE
LAS MITSVOTpor Rav Natan ben-Jaím Se pregunta el Rambám: "¿Qué tienen en común el shabát y la shevi'ít (el séptimo año de la tierra, sobre cuyos frutos está prohibido el lucro), que hace que para ambos esté escrito que son "leshém Hashém" (en nombre de D's), advertencia que no se menciona para ningún otro evento temporal? El Rav Leivovich explica el comentario de Rashi del siguiente modo, en base a una lectura del Raabád: "La intención de las mitsvót es que el hombre sepa que tiene un Creador que reina sobre él". Tras que el Creador entregara la tierra a los hombres, éstos podrían pensar que la tierra les pertenece, que ellos son sus dueños.... y nadie más; y olvidar así al Creador; y tal olvido traería consigo la disolución del propósito sagrado de la Creación. El Raabád menciona varios ejemplos para ilustrar su explicación: Si D's le da al hombre la posibilidad de poseer un campo, viene junto con dicha posesión el conjunto de leyes relativas al arado, a la siembre y la cosecha; las normas relativas a la prohibición de labrar la tierra utilizando especies disímiles en yunta (por ejemplo, un buey y un burro uncidos juntos); la prohibición de cultivar "kiláim", o la obligación de dejar "peáh": una esquina del terreno para que su cosecha quede a disposición de los necesitados. Durante la recolección, la cosecha que cae de manos del dueño del campo debe quedar abandonada para que la recojan los necesitados, y lo mismo sucede con lo que resulte olvidado en el campo tras completar la faena. Y aún entonces, realizada ya la cosecha, se debe descontar de ella el maasér (el diezmo) y la trumáh. Tras moler el trigo y hacer harina, cuando tenemos ya la masa para hornear, tenemos el deber de quitar "jaláh" para alimento del Cohén. Y por último, antes de comer el pan y tras satisfacernos con él, tenemos un orden de bendiciones-consagraciones que pronunciar. Tal sistema se proyecta a todos los órdenes de la vida: a la vestimenta, al ganado, a las plantaciones; a cada instancia de la vida, a cada momento del año. Dice nuestra parasháh: "Y será cuando vengan a la tierra que dispuse para ustedes..."; y remarca: "que Yo les di". Debemos mantener conciencia clara de que nada nos pertenece de por sí: todo cuanto poseemos, no está en nuestras manos sino para cumplir con un propósito sagrado. Por eso, cuando estamos en nuestra tierra, cada séptimo año debemos suspender toda labor y abstenernos de sembrar y cosechar. Y aquí se encuentra el paralelismo que halla Rashi entre el Shabát y la Sheviít: ambas instancias hacen propicio que anulemos la sensación de ser "amos" de la Creación y de la vida, y nos guían hacia la finalidad que señala el Raabád para todas las mitsvót: que sepa el hombre que el Creador gobierna sobre la Creación, y a El pertenecen (y a Su arbitrio se encuentran) la Tierra y cuanto ella contiene. |
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